Lecturas de un 5 de diciembre

8 12 2008

Abrí la puerta. Percibí el aroma del té recién hecho que manaba desde el interior del hogar de los soñadores. El grupo no era muy numeroso pero la presencia de cada uno confortaba al otro. Atisbé unas cálidas sonrisas mientras me acomodaba y me sumergí en el estanque donde burbujeaba la fantasmagoría. Y soñé.

Primero de la mano de Caradhras que me transportó hasta unos niños hobbits correteando en torno a un carro atestado de misterioso contenido. Con ellos sentí que la fiesta no llegaría nunca.

Más tarde Rielle señaló en dirección a una figura blanca, acaso un fantasma o una doncella que atrajo mi atención, enervó mis sentidos y supe que debía perseguir hasta el fin de mis días lo que nada es si no un rayo de luna.

La desesperación me llevó a la locura y fue Khalar quien me introdujo en aquel recinto lleno de locos donde las autoridades proponían un trato a un demente si resolvía un complejo enigma relacionado con un colegio de monjas algo similar que no llegué a entender ensimismado como estaba con la Pepsi-Cola que me trajo la enfermera y, necesario es decirlo, con la enfermera misma.

Debí dormirme y alguien me despertó. Iliel tocó mi hombro y supe que el escenario había cambiado y acompañaba a un joven llamado Max por una especie de cementerio de estatuas delirantes bañadas por la niebla y el sentimiento de temor del que tuvimos que huir para mantener la cordura.

Así llegué, esta vez por mi propio pie, hasta las montañas de Rohan. Extraño viaje aquel. Había consejo en Meduseld y aparecieron los dunlendinos precedidos del orondo Freca, con ánimo de pendencia y supe que aquello acabaría mal pues Helm no es señor que permita bravatas en su casa. Vi todo cuanto aconteció los siguientes meses, tras el infausto consejo y como murieron los hijos del rey y como acabó sus días el propio Helm.

Desperté. El hogar de los soñadores vuelve a ser una habitación cualquiera. Es hora de recoger, de reanudar el vivir con los pies en el suelo. Al menos tenemos el consuelo de poder ejecutar juntos uno o dos de esos poderosos encantamientos cada mes.

Mandos.

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Novedades en la sección Archivos

2 12 2008

Saludos.

Dos aportaciones del Senescal pasan a engrosar los archivos disponibles de esta web. Uno es el interesante artículo sobre “El Encanto de Tolkien” que algunos pudimos disfrutar en su momento en formato conferencia. El otro es un cuento corto basado en el sentido del olfato (una especie de juego que nos propusimos hace tiempo en La Torre Blanca) y que irremediablemente terminó deslizándose hacia el mundo de Tolkien. El título y todo el cuento en sí es un guiño a una frase impactante escrita por un amigo a Tolkien.

Mandos.