II NumenorQuest

30 06 2009

El pasado fin de semana se celebró en Madrid la segunda NumenorQuest, encuentro lúdico tolkiendil organizado por la delegación local en la capital, Smial de Númenor, en el colegio-convento de las Madres Mercedarias de Don Juan de Alarcón. A tan entretenido evento pudimos asistir dos de los miembros de Minas Tirith: Eloy “Meneldil” y yo mismo.

numenorquest

El lugar elegido para la NumenorQuest era realmente fantástico: espacioso, con aire a vejez e historia, en su centro un patio imitación de claustro y alrededor distintas estancias que nos permitían imaginar el viaje en el tiempo. Los organizadores, atentos y cariñosos, se encargaron de que no nos faltara de nada. Los participantes incluían no solo habitantes de la Isla del Don si no viajeros de lejanas tierras como Edhellond, Hammo, Garrinor, Ithilien e incluso una embajadora de las Tierras Imperecederas al otro lado del mar, de Perú.

El sábado se abrió con sesiones de diversos juegos como ajedrez, Munchkin o Carcassone entre otros. Mientras, en el patio, se iban preparando los emparejamientos para la inminente justa de espadas (de gomaespuma). Los habitantes de la fortaleza vigilante hicimos un papel más que digno, considerando al menos mis expectativas, y Meneldil resultó finalmente justo vencedor de las mismas.

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La tarde nos sirvió para volver a los tableros mientras se ultimaban los preparativos para el plato fuerte, el rol en vivo. Yo me uní en ese momento a Elessar, Valandil y Disol para enfrentarme al destino de los pueblos que habitaron Britannia. Al rato nos llamaron y se repartieron los papeles que desempeñaríamos en la corte de Númenor en la época de la sucesión dinástica de Tar-Aldarion. Me tocó en suerte el consejero de Mittalmar, tradicionalista numenoreano padre de Hallacar, un tanto harto de que el rey se fuera de viaje durante largos periodos de tiempo y de oír hablar del Gremio de Aventureros. Ni que decir tiene que me lo pasé estupendamente intentando, sin mucho éxito todo sea dicho, conseguir mis objetivos.

Terminó la jornada con una cena comunal en la que no faltó el brindis por Númenor y los amigos ausentes y más tarde la visita a una “mojitería” donde nos entretuvimos unos pocos valientes hasta que nos echaron.

El domingo amaneció y volvimos a la carga con más juegos y las finales de los campeonatos. Tuve entonces oportunidad de descubrir uno muy entretenido, aportado por Valandil, llamado “La Posada del Dragón Rojo” donde las dotes de mi personaje ladrón se impusieron a las de la guerrera maciza, la sacerdotisa distraída y el mago de mascota incontrolable. El juego es simplemente tronchante y lo recomiendo mucho.

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Terminó todo con la correspondiente entrega de Diplomas (Meneldil cosechó el de Campeón de las Justas y yo el del juego de la Posada del Dragón. Buena cosecha para los gondorianos) y el Premio final para el que sumara mayores puntuaciones en todas sus participaciones que, sí, también recayó en Meneldil. Luego a comer y por lo que a mi respecta, retorno al estilo del conejo de Alicia en el País de las Maravillas, hasta los círculos de Minas Tirith.

Mandos.